PANEL 2 : UN TRATAMIENTO NEGATIVO, SENSACIONALISTA Y EXOTIZANTE DE LOS PAÍSES DE ORIGEN.

 

TEXTOS DE APOYO

 

Podemos comentar la construcción mediática de la imagen negativa de los países de procedencia (SANTAMARÍA , 1994), o el etnocentrismo en la visión del Tercer Mundo y de sus mujeres (JULIANO). En particular, la imagen que se transmite de la “mujer musulmana” (SANTAMARÍA, 1997).

 Los textos 4 a 9  pueden servirnos para cuestionar algunos tópicos sobre la pobreza (Centro Nuevo Modelo de Desarrollo)

 

Nº 1 .-  ¿ De dónde vienen?                                                                             

Nº 2 .- La visión etnocéntrica.                                                                           

Nº 3 .-  La mujer musulmana.                                                                             

Nº 4 .-  Mentiras sobre la pobreza.                                                                 

Nº 5 .-  Las verdaderas causas del empobrecimiento.                                

Nº 6 .-  Los responsables.                                                                                 

Nº 7 .-  Las responsabilidades del Sur.                                                              

Nº 8 .-  Empobrecimiento por el desarrollo.                                                       

Nº 9 .-  Las responsabilidades del Norte.                                                  

 

 

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 Nº 1.- ¿DE DONDE VIENEN?

 

En relación con la (re)presentación que hace del otro, debemos destacar, lo primero de todo, que la prensa aborda la «inmigración extracomunitaria» de una forma anecdótica en el marco de un tratamiento negativo, sensacionalista y exotizante de los países de los que los migrantes proceden. La prensa nos informa detallada y extensamente de las guerras, golpes de estado, revueltas, conflictos armados, catástrofes, epidemias, hambrunas... con lo que vehicula un retrato de estos países cuyos rasgos son casi exclusivamente el hambre, el analfabetismo, la sobrepoblación, los desastres naturales, la violencia y, por último, la inestabilidad y arbitrariedad social y política.

En esta caracterización podemos observar, sin embargo, que no se hace referencia alguna a las causas e interrelación de los fenómenos, a la situación de dependencia y/o neocolonialismo en la que estos países se encuentran. De manera invariable la prensa asocia los conflictos y la situación económica y social de estos países al clima, a las rivalidades interétnicas o al nepotismo y corrupción de sus gobernantes, todo lo cual redunda en  una continua operación de naturaliza­ción: es decir, sus características y situaciones responderían exclusiva­mente a causas naturales; en absoluto sociales e históricas.

De las culturas y de las formas de organización que caracterizan a estos «países de origen» la prensa da cuenta como de curiosidades que, normalmente, son presentadas bajo el signo del anacronismo y de la superchería, bajo el signo de la pre y de la irracionalidad. Los retrata como países atrasados, como países que no habiendo accedido todavía a la modernidad siguen inmersos y bloqueados en las cada vez más fangosas arenas de la tradición. De esta forma, uno de los filones fundamentales generador de reportajes periodísticos son las diferentes rutas o itinerarios de carácter turístico que nos (re)presentan a estos países bajo la perspectiva casi exclusiva de lo pintoresco; es decir, la humanidad del país, por utilizar palabras de Barthes, desaparece en provecho de sus monumentos, de sus paisajes y tipos humanos. En suma, la prensa los (re)presenta como «países subdesarrollados» que, susceptibles exclusivamente de la ayuda interna­cional o de la visita turística, no pueden aportar sino el atractivo del exotismo o la inquietud  por la catástrofe y el caos.

 

                                   SANTAMARIA : 1994 :  209-210

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 Nº 2.- LAVISIÓN ETNOCÉNTRICA  

 

A los ojos del europeo común estos personajes -con sus características físicas diversas, su piel morena, su acento peculiar y sus ropas especiales constituyen una invasión, un riesgo a su situación laboral y un desafío a las buenas costumbres. A este tipo de elaboración, que aflora esporádicamente en brotes racistas o xenófobos, no son ajenos los medios de comunicación de masas, que subrayan sistemáticamente el lugar de nacimiento de un delincuente si este es del mundo pobre, pero que además tienden a explicar el subdesarrollo del sur como producido a partir de la ignorancia de los pueblos afectados y su escasa capacidad técnica y organizativa. Si cada vez que se quiere señalar que algo es incorrecto, ineficaz o corrupto, se dice que es tercermundista, se está propo niendo que la responsabilidad de la pobreza y de las luchas civiles está en los que las padecen, mientras que los pueblos ricos se autopresentan como modelo a seguir, inocentes de la catástrofe que abarca a dos tercios la humanidad. Esta idea global sobre el Tercer Mundo, legitima la conmiseración despectiva con que se trata a los inmigrantes de ese origen, y la presentación de los proyectos de deculturación y asimilación a la cultura europea, como lo único posible y humanitario.

La idea sobre las mujeres del mundo pobre es aún más peyorativa. La insistencia en explicar el problema del hambre como una consecuencia de la superpoblación producida por el exceso de nacimientos, y la degradación de los terrenos de cultivos por la aplicación de técnicas agrícolas tradicionales incorrectas, tiende a hacer recaer sobre las mujeres (madres y trabajadoras agrícolas) la responsabilidad de los problemas que padecen. Las africanas, asiáticas y aborígenes americanas son presentadas al imaginario europeo como pasivas, resignadas, ignorantes y abrumadas por una religiosidad tradicional, incapaces de realizar el cálculo mínimo de «a me­nos bocas, más comida para cada uno».

A partir de estos supuestos, tenemos ya servido en bandeja el etnocentrismo, que  en su vertiente paternalista organiza O.N.G. para enseñar a la gente de color a planificar los nacimientos y cultivar bien los campos; y en su vertiente agresiva se arroga el derecho de invadir países para combatir el terrorismo (alegando no confiar en la justicia de esos Estados)  y arremete o expulsa a los migrantes de los países pobres que tratan de sobrevivir en el mundo rico (que prefiere autodesignarse civilizado).      

JULIANO, Dolores: 1993:   79-80

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Nº 3. LA MUJER MUSULMANA

            La mujer musulmana es ante todo (re) presentada como aislada socialmente, altamente explotada y discriminada, maltratada e, in­cluso, asesinada por el propio grupo de pertenencia. En la actuali­dad, la (re)presentación fundamentalmente exótica y sensual que de las mujeres árabes había sido hegemónica durante largo tiempo, ha sido sustituida por una imagen miserabilista de las mismas ( … ).

            Las relaciones entre los sexos se describen como una relación «tradicional», «anacróni­ca», que como en el caso de la relación religión-estado, estarían an­cladas en el más oscuro Medievo, de tal forma que el hombre (en las figuras del «esposo», «padre», «hermano» o «tío») sería el sujeto dominante de la relación, mientras que la mujer estaría sometida a la explotación y el dominio despótico masculino. (…    )

Las mujeres serían objeto exclusivamente de reclusión (en el harén), de subvaloraclón (en la poligamia, el repudio, y la herencia), serían objeto de mutilaciones y malos tratos, etc., y de este modo son instituidas, fundamentalmente, como una figura paciente de la dominación masculina, que no juega más papel social que el de la  silenciosa y resignada sumisión, que el de la callada humillación,  Se trata, pues, de la escenificación de la mujer quebrada —imagen  en negativo de la «piadosa mujer» musulmana. Esto tiene como . correlato dos cuestiones: la primera, que los cambios, las transfor maciones, en la condición femenina han de venir, necesariamente,  de fuera —y, en este sentido, serían sinónimo de «occidentalización» (punto, éste, en el que dicho discurso vendría a coincidir con el discurso islamista); y la segunda consiste en que dicha con­dición sería sólo efecto del sexismo o misoginia propios del Islam.(...)

Una imagen muy distinta resulta, sin embargo, si desplazamos la mirada y nos acercamos a los numerosos estudios hisricos, socio­lógicos, políticos, literarios, etc. que en las sociedades árabes están abordando el papel de las mujeres, de los que resulta imposible za­farse como no se quiera caer en un conjunto de lugares comunes, fuertemente etno y androcéntricos. A través de esta abultada litera­tura podemos ver explicitadas unas mujeres muy distintas; a las que, por utilizar una expresión de Luis Martín Santos, podemos denominar mujer oculta.

Unas mujeres invisibles, indudablemen­te «víctimas» de las prácticas patriarcales, pero que en lugar de su­frirlas, además de padecerlas, e incluso de (re) producirlas callada y resignadamente, las impugnan, las cuestionan, cotidiana y obli­cuamente, fingiendo sumisiones y desquitándose sutilmente de los abusos contra ellas cometidos. Pero no podemos dejar de señalar seguidamente que esta explicitación de la «mujer oculta», este des­velamiento de su protagonismo social, llevado a cabo por multitud de mujeres, forma parte ya de algo muy diferente: la mujer eviden­te —por seguir haciendo uso de la terminología de Martín San­tos—, la mujer sujeto social, protagonista visible y activa, del mundo árabe y/o musulmán contemporáneo.  (…)

Es absolutamente clarificadora la exposición que autoras magrcbíes o árabes hacen del papel económico, político, cultural, militar, etc., que las mujeres han desempeñado y desempeñan en sus respectivos grupos de pertenencia. Estas autoras llaman la aten­ción sobre cuestiones tales como el papel capital desempeñado en las guerras de independencia de sus respectivos países, el papel de­sempeñado en los distintos sectores económicos y en los procesos de reforma social, en los ámbitos sanitarios y en las prácticas de control de la natalidad, etc. e, incluso, y por paradójico que ello parezca, en movimientos políticos no sólo laicos, democráticos y/o socialistas, sino también en movimientos, en principio tan misógi­nos, como los islamistas. 

SANTAMARÍA: 1.997 : 41-44

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 Nº 4. MENTIRAS SOBRE LA POBREZA.

Algunos tópicos atribuyen la pobreza al exceso de población, al clima adverso y al retraso tecnológico. Pero la pobreza se extiende también en na­ciones poco pobladas, con clima estable, medios tecnológicos de vanguar­dia y producción en constante aumento. Es típico el caso de Brasil. Aun sien­do la octava potencia económica del mundo, con una renta per cápita de 4.951 dólares, aun teniendo una densidad de población de 18 personas por km.2 (frente a 397 de Holanda), con un nivel tecnológico moderno y un cli­ma que va desde el tropical al templado, Brasil tiene 34 millones de pobres. Paradójicamente los pobres aumentan en Brasil al aumentar el producto na­cional.

Parece obvio que el clima adverso y las calamidades no ayudan al bie­nestar de la gente. Es igualmente obvio que en algunas regiones el crecimiento de la población es un problema. Pero estas no son las causas de la pobreza. Las verdaderas causas debemos buscarlas en otro lugar.

                                  Centro Nuevo Modelo de Desarrollo: 1.994: 40-41

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Nº 5. Las verdaderas causas del empobrecimiento

 

 

La pobreza no es una fatalidad. Está organizada día a día por una má­quina económica pensada no para servir al hombre sino para hacer triunfar los intereses de los poderosos.

Sus reglas más profundas son la avaricia, la supremacía del comercio y la competitividad. El resultado es un sistema económico en el que los pa­íses del Norte roban a los países del Sur, las clases ricas sacan riquezas de las clases pobres y las grandes empresas se apoyan en las espaldas de las débiles.

El resultado es un sistema que en nombre del crecimiento productivo concentra la riqueza en manos de élites y usa la riqueza de todos para be­neficio de unos pocos.

El resultado es un sistema que en nombre de la eficacia económica pro­duce desempleo y en nombre del mercado divide a las personas en útiles e inútiles. Los útiles son los que tienen dinero para gastar, los inútiles todos los demás. Por una serie de circunstancias económicas, históricas y tecnoló­gicas, la gente con posibilidad de consumir se concentra en el Norte... y por ello somos envidiados y respetados. Por el contrario la gente del Sur es des­pojada incluso de los pocos bienes en que basa su supervivencia. Y así, sin demasiados escrúpulos, los patronos locales e internacionales se apropian de las tierras que producen alimento a la población y cambian los cultivos por otros exportables. Expulsan a los habitantes de los bosques para conseguir madera y minerales que vender al Norte. Pagan salarios de hambre para pro­ducir a bajo precio. Por todo esto la gente del Sur sucumbe ante la pobreza porque pierde la posibilidad de ser autónoma.

Más exactamente los caminos que llevan al empobrecimiento son:

— la pérdida de tierras;

— la pérdida de los recursos comunes (bosques, prados, agua);

— la quiebra provocada por los grandes gastos de producción y bajos ingresos;

— la usura;

— el desempleo y los salarios insuficientes;

— el comportamiento antisocial de los gobiernos.

 

C.N.M.D. 1994: 46-47

 

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Nº 6  LOS RESPONSABLES DEL EMPOBRECIMIENTO

 

La  injusticia, la explotación, la expropiación, en una palabra, la pobre­za, está organizada por una máquina de dimensión mundial con brazos ope­rativos a veces autónomos, a veces manipulados desde el centro y que actú­an en cada rincón de la tierra. En efecto, la gente del Sur se ha empobrecido unas veces por causa de sus gobernantes y los patronos locales y otras veces por los gobiernos y los patronos del Norte.

      Dependiendo del país y la situación, unas veces es más fuerte la vio­lencia interna y otras la que llega de fuera. Unas veces es más fuerte la pro­vocada por los gobiernos y otras veces la que ejercen los patronos.

      Con frecuencia la violencia que sufre la gente del Sur es el resultado de una acción coordinada entre el poder político-económico del Norte y el del Sur.

      Otras veces los intereses de unos y otros entran en conflicto y se cre­an disputas que, según se resuelvan, pueden agravar o mejorar las condicio­nes de la gente del Sur, aunque ello no interese a ninguna de las partes.

          C.N.M.D. : 1994: 48-49

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7.-  LAS RESPONSABILIDADES DEL SUR

 

La responsabilidad directa del empobrecimiento a nivel local recae so­bre los propietarios de tierras, comerciantes, empresarios, banqueros. Qui­tan la tierra a los campesinos por la fuerza y con engaños. Se aprovechan del estado de necesidad que padecen los campesinos para pagar poco por sus productos e imponer altos intereses a los préstamos que conceden; procu­ran crear un ajuste industrial costoso que genera pocos puestos de trabajo y produce productos caros inaccesibles a la mayoría.

Pero gran parte de la responsabilidad es también de los gobiernos por­que protegen los abusos de los patronos con las leyes, los jueces y la policía. Porque mantienen y promueven un modelo productivo basado en tecnolo­gías caras y exclusivas que crean dependencia respecto al Norte y que están al servicio de unos pocos a pesar de que son financiados por los campesinos, los obreros y mineros que son los que obtienen los productos para la ex­portación. Porque utilizan el dinero público para afianzar su poder político y militar, para enriquecerse personalmente y garantizar condiciones de vida más acomodadas a los que ya son ricos.   

 

                                                  C.N.M.D.: 1994: 50-51

 

POBRES   ABSOLUTOS

   

     ASIA        ÁFRICA     AM. LATINA

778 millones   398 millones    156 millones

Fuente: Datos elaborados a partir de PNUD 1992 y El Estado del Mundo, 1990

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 N º 8. EMPOBRECIMIENTO POR EL DESARROLLO

Por ironía del destino, otra causa fundamental de empobrecimiento del Sur es precisamente lo que nosotros llamamos desarrollo. «Desarrollo» de por sí es una palabra sin significado si no se precisa qué se desarrolla y a benefi­cio de quién.

         En la concepción capitalista el desarrollo consiste en el aumento de la producción destinada al mercado, es decir a la venta. Pero como el Sur tie­ne poco mercado, su producción se orienta a la exportación. Si la economía estuviese controlada por el pueblo y los cambios fueran justos, este camino, aunque discutible, podría resultar incluso válido. Pero como la economía está dominada por especuladores que buscan sólo el beneficio inmediato, la pro­ducción para la exportación se apoya en la espalda de la gente mal pagada  o incluso despojada de sus medios de subsistencia.

         Cada año miles de campesinos son expulsados de sus tierras para dar paso a grandes plantaciones,  miles de familias deben abandonar sus casas para que se abran nuevas minas, miles de personas ya no tienen de qué vivir por­que los bosques que habitaban son destruidos.

         Desposeídos y sin posibilidades de subsistir por sí mismos buscan re­fugio en las ciudades ya superpobladas o emigran hacia tierras inhóspitas que ya antes habían sido desechadas por infértiles. Así el vocabulario se enriquece con un nuevo término: refugiados del desarrollo, o mejor aún, empobreci­dos por el desarrollo.

         Este azote es provocado también por los gobiernos que identifican de­sarrollo con la construcción de grandes diques, centrales eléctricas, grandes industrias de vanguardia tecnológica. En la India, por ejemplo, en el valle del Narmada, 150.000 personas han tenido que emigrar porque se están cons­truyendo una serie de presas que inundarán todo el valle. No hace falta acla­rar que los embalses servirán para regar las grandes propiedades que quizá producen para la exportación, y producirán corriente eléctrica para las cla­ses acomodadas de las ciudades. Respecto a la gente que habitaba el valle desde siempre, no tiene la mínima perspectiva de conseguir otra tierra igual­mente fértil, y acabará en la periferia de Bombay o de Ahmedabad.

         Al final los beneficiados son la banca y las empresas del Norte que eje­cutan las obras. En Nigeria, por ejemplo, la construcción de un gran pro­yecto de regadío llamado Talata Matara ha sido adjudicado a la compañía Impresit Nigeria Ltd. que es una empresa de la FÍAT. Unos 60.000 campe­sinos han sido expulsados de sus tierras sin indemnización alguna, y cuan­do han protestado han sido golpeados por la policía .

                                   C.N.M.D.:1.994 : 58-59

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9.- LAS RESPONSABILIDADES DEL NORTE-

 

  Los países del Sur están totalmente implicados en la economía interna­cional y esto complica la situación de los pobres, pues además de la extor­sión de los poderosos nacionales también sufren la extorsión de los podero­sos del Norte.

       Se puede decir que la historia del empobrecimiento comienza con la llegada de los europeos que ha puesto literalmente patas arriba la economía del Sur para apropiarse de las materias primas necesarias para su industria­lización. Además hay que añadir que cualquier operación del Sur al Norte es aprovechada por los comerciantes para su enriquecimiento. Por ello han puesto todo el empeño para transformar el Sur en un gran proveedor de bie­nes de consumo como el café, te y cacao. Este comercio que se prolonga des­de hace dos siglos, ha permitido al Norte construir su industria y a los co­merciantes enriquecerse exageradamente, pero ha empobrecido a la gente del Sur, obligada a abandonar sus tierras para buscar trabajo en la minería o las grandes plantaciones.

       Lejos de la idea de querer promover un desarrollo económico centra­do en la persona, al servicio de la persona, aún hoy el Norte trata de usar al Sur como depósito de materia prima y de mano de obra barata, además de utilizarlo como mercado de reserva y territorio para establecer industrias con­taminantes. Precios de las materias primas, aranceles, competitividad, tipos de interés: todo está estructurado para enriquecer al Norte y empobrecer al Sur. En un Sur globalmente más pobre, los que se descuidan, naturalmen­te quedan los últimos. 

        Desde un punto de vista todo el Norte es responsable de esta confabulación, pero sin embargo se pueden distinguir varios niveles de responsabilidad. Por ejemplo, a nosotros, la gente corriente nos corresponde la responsabilidad de aceptar pasivamente una estructura económica injusta que nos favorece.

                Los gobiernos y las organizaciones internacionales, por su parte, tienen una responsabilidad más importante porque deciden. Sus decisiones no se inspiran en la justicia y solidaridad internacional. Por el contrario tratan de proteger los intereses de las empresas tanto nacionales como internacionales , comerciales o financieras. Las empresas son las protagonistas principales en las relaciones abusivas con el Sur. En efecto ellas controlan todas las relaciones comerciales Norte/Sur y naturalmente las gestionan buscando sus propios beneficios.

 

C.N.M.D.: 1.994: (60-61)

 

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