PANEL 12 : ALGUNOS ELEMENTOS DE REFLEXIÓN (2)
TEXTOS DE APOYO.
Nº 2 .- El inmigrante, nuestra imagen especular.
Nº 3 .- La inmigración como objetivo para ganar votos.
Nº 4 .- Los réditos del Gobierno.
Nº 6 .- La realidad de la inmigración exige un nuevo concepto de ciudadanía, inclusiva y plural.
En la mentalidad popular europea existe una creciente propensión a culpar de todos los problemas socioeconómicos, resultantes de la recesión y de los reajustes capitalistas -desempleo, escasez de viviendas, aumento de la delincuencia, deficiencias en los servicios sociales- a los inmigrantes que no tienen «nuestros» valores morales y culturales, por la simple razón de estar ahí.
Los partidarios de detener la inmigración y los políticos que comparten esa idea han contribuido a la animosidad popular contra los inmigrantes, aumentando artificialmente la magnitud del «problema». Las alusiones a una «avalancha de inmigrantes» y a una «bomba migratoria» sirven para intensificar difusos temores populares y para desviar la creciente insatisfacción social de las verdaderas causas de la recesión económica. Los que se oponen a la inmigración a menudo añaden a esto el argumento demográfico conservador, que atribuye la reducción de oportunidades socioeconómicas y la pobreza -con el consiguiente deseo o necesidad de emigrar- a la «bomba demográfica» con que amenaza el Tercer Mundo, de la cual se responsabiliza a la propia imprevisión de los inmigrantes. Con ello ocultan las raíces económico-políticas de la pobreza moderna y justifican agresivos programas de control de población, cuyo objeto son las mujeres del Sur pobre. Los partidarios de frenar la inmigración hablan de un «umbral de tolerancia», término con el que aluden a lo que los etólogos llaman el imperativo territorial, la creencia de que las poblaciones (entre los animales) tienden a defender su territorio frente a los «intrusos», cuando éstos superan una cierta proporción estimada entre un 12% y un 25% porque, de lo contrario, es probable que surjan tensiones sociales graves. Los medios de comunicación y los políticos hablan de la amenaza de la «kulturelle Überfremdung» (extrañamiento cultural, alienación). Es decir, el «problema» no somos «nosotros», sino «ellos». «Nosotros» somos la medida de la buena vida que «ellos» amenazan con destruir. Y esto es así porque «ellos», al ser extranjeros son «diferentes» culturalmente.
Aunque el aumento del desempleo, la escasez de viviendas y el deterioro de los servicios sociales no hayan sido obviamente causados por los inmigrantes, «ellos» se convierten en chivos expiatorios de «nuestros» problemas socioeconómicos. Esta línea de argumentación está tan generalizada porque es útil para el «habitus nacional», una noción exclusivista de la pertenencia y de los derechos políticos y económicos implícita en la idea moderna del Estado-nación, una de cuyas ideas centrales es la de que los extranjeros, extraños de afuera, no tienen derecho a compartir los recursos ni la riqueza «nacionales» y menos cuando éstos parecen escasos.
STOLCKE: 1.994: 237-8
Nº 2.- EL INMIGRANTE, NUESTRA IMAGEN ESPECULAR.
Se puede afirmar que en el discurso periodístico sobre la «inmigración» resurge todo un imaginario colectivo que contribuye a asentar un discurso especular que, paralelamente a la explicitación de la representación del otro, refleja la presentación en acto de un sí mismo -la afirmación de una identidad (…).
La prensa al mismo tiempo que hace una (re)presentación de la inmigración, manifiesta de manera refleja el imaginario sobre la propia identidad del sujeto sociopolítico que ella encarna. De esta manera, la prensa, lejos de construir un sujeto que se reestructura y perfecciona en el encuentro con el otro, presenta un discurso en el que la identidad se configura como esencia, como naturaleza -y, por consiguiente, como identidad ahistórica y asocial-. Una identidad que se constituye en la redefinición, la desactivación y la exclusión de la alteridad. La figura del otro, en nuestro caso la figura del «inmigrante», aparece en la prensa bajo la forma del antisujeto, del no-yo. Aquél es (re)presentado fundamentalmente como una figura de la alteridad cuya sola presencia amenaza el buen desarrollo de las potencialidades de una identidad que participa de los valores de la modernidad, del liberalismo y de la democracia; de una identidad que es europea, occidental, civilizada. La configuración social de la «inmigración» que la prensa anima es indisoluble, es el reverso, por tanto, de la producción social de una figura de la identidad: el nuevo autóctono, el ciudadano europeo.
En el discurso sobre la inmigración, la prensa explícita, al fin y al cabo, una autorrepresentación de carácter ostentatorio, una representación en la que se exhibe una transcendencia inmanente, un ideal del ser: el sujeto europeo. Europa, se convierte, así, en una utopía virtual fortificada, en otra ciudadela de Palmanuova, en la que se proyectan y se identifican, en la que convergen imaginariamente los diferentes sujetos nacionales que transitan y pululan por la prensa de la piel de toro. Más allá del que cada medio encarna, se defina como se defina sociopolíticamente, todos ellos sin excepción alguna concurren en ser, en considerarse, moderna y profundamente europeos.
SANTAMARÍA: 1994: 209,215-6
Nº 3 .- LA INMIGRACIÓN COMO OBJETIVO PARA GANAR VOTOS.
En el entorno de las elecciones generales del 12 de marzo del 2000, el PP inició una campana considerando la inmigración como un problema que había que atajar, para lo cual el primer paso a dar era cambiar la recién estrenada Ley de Extranjería 4/2000.
La estrategia lejos de tener una vocación social era fundamentalmente electoralista. El argumento de "mano dura" a un fenómeno en crecimiento, era bien recibido en el subconsciente de la gente que veía en el inmigrante un competidor en el trabajo, en vivienda y en el llamado estado del bienestar y, consecuentemente, era una garantía para ganar votos.
(…)Administrar el fenómeno de la inmigración como un problema no solo es rentable desde el punto de vista electoral y para retroalimentar la economía sumergida, sino para desviar la visión en relación a problemas internos,. desajustes entre regiones o el fracaso de una política de éxitos exclusivamente empresariales. Manejar este fenómeno con una confusión permanente parece ser el objetivo de las políticas conservadoras de algunos países de la Unión Europea, reduciendo su calado al control de fronteras y a la confrontación policial. (…)
Este tratamiento de la inmigración como problema con fines electoralistas y para alimentar los sustratos oscuros de la economía, lleva no solo a la pérdida de perspectiva de una política de inmigración con rostro humano, sino a dos consecuencias a todas luces muy graves. Por un lado, nutrir la xenofobia institucional, presentando la inmigración vinculada al mundo de la droga y del terrorismo, gestando un miedo atávico hacia personas presentadas en un marco de dramatismo y violencia, y olvidando, a conciencia que el tema inmigratorio se inscribe en los grandes desequilibrios entre el Norte y el Sur y, por tanto, que sus posibles soluciones pasan por medidas estructurales. Y por otro, este tipo de planteamientos despierta un sentimiento de impotencia, que conduce a la indiferencia más neutra. Se nos postula, de entrada, como espectadores, como cuando la TV explota la marginacíón de Sudán, de los niños esclavos de Benin o de los muchachos colombianos contratados para matar. Lo que nos presentan delante es algo supuestamente irreparable, sin redención posible. Como algo donde el centro ha renunciado a mirar hacia la periferia. Al fin de cuentas, la recreación de un sentimiento de impotencia, que conduce irremediablemente a la inoperatividad.
L. PERNÍA : s/f : 1, 4
N º 4. – LOS RÉDITOS DEL GOBIERNO.
El gobierno del PP es consciente (más desde el 11-S y tras las elecciones francesas) de la utilidad del discurso de la (in)seguridad para obtener un doble objetivo: votos y apoyo a medidas de reforzamiento de instrumentos de autoridad (policía, leyes de control...), luego hace de eso una de sus banderas: la característica más destacada de la presidencia española de la UE ha sido (y no estaba previsto) levantar la bandera de la lucha contra la inmigración ilegal (que se suma a aparecer como adalid europea de la lucha antiterrorista y fiel aliado de Bush, tras el 11-S).
En este contexto hay que analizar la presentación por el Gobierno de las estadísticas sobre delincuencia. El hecho de que las cifras reflejen un aumento del número de delitos conocido puede ser aprovechado para reclamar un re forzamiento de normativa y medios policiales. Pero al hacerlo responsabilizando a la inmigración de estar en el origen de ese aumento obtiene un plus de rentabilidad, conecta con los sentimientos (ya existentes en unos casos, fácil de impulsar en otros) de temor hacia el otro, el extraño, (el inmigrante, en este caso) que alberga la población, más en momentos de crísis, lo que le permite presentarse como su abanderado. Además, ante la previsible critica desde la oposición por este aumento, permite al Gobierno aparecer como menos responsable en la medida en que la causa se sitúa fuera del país, viene de fuera y va ligado a un aumento reciente en sus cifras. Sabe que en ese terreno el PSOE puede disputarle poco terreno ya que, en el fondo, va a moverse en los mismos valores (seguridad, control de la inmigración...) poniendo tan sólo el acento en que no se haga, chocando frontalmente con los principios de DDHH, universalmente aceptados. El Gobierno cree saber que una sociedad en la que ha prendido la sensación de crisis y de miedo a lo extraño, está predispuesta a sacrificar esos Derechos Humanos de los demás. Un vistazo a lo que ocurre en la sociedad americana es suficientemente ilustrativo. Lo irresponsable de este planteamiento es que refuerza y da alas a unos sentimientos xenófobos que van a contaminar la vida política española (y europea) para los próximos decenios.
La atribución al otro, al extranjero, al inmigrante, de la responsabilidad de buena parte de la criminalidad tiene además muy buena acogida entre la sociedad autóctona porque contribuye a dar una imagen más positiva de sí misma. A fin de cuentas, ese campo de problemas son, en buena medida, importados.
AHIMSA , nº 116 : Nov.2.002: 12
Una gran campaña de opinión pública se ha puesto en marcha para hacernos ver que tenemos un Estado fuerte capaz de controlar nuestras fronteras y que no vamos a permitir que los africanos - y especialmente los marroquíes - nos invadan. Altos responsables políticos, editorialistas, tertulianos, encuestas de opinión, etc. Van repitiendo que los dos grandes problemas que tiene el país son el terrorismo y la inmigración. Mucha gente, en un fecto cascada, ya repite lo mismo : quien quiera trabajar aquí, que entre con sus papeles en regla; a los demás, que los echen.
Han hecho de los “ilegales” el lobo que nos asusta y amenaza. Nuestra Ley de Extranjería y muchas iniciativas de la Unión Europea han contribuido a crear en la población el “fobotipo de los irregulares” (fobia a los ilegales). Ya tenemos a quienes culpar del paro, de los bajos salarios, de la delincuencia, de la prostitución, de la droga, de las mafias, de que perdamos nuestra cultura, de la invasión del Islam…
Ah, y las pateras, la invasión de las pateras. Nos dicen - y muchos se lo creen - que entran por miles. Pero la verdad es que “no entran”, sino que “han intentado entrar”. Porque nos ponen en la tele las imágenes de sus llegadas, pero no las de su salida, su expulsión o devolución. Así mucha gente se queda con la primera imagen, ignorando la segunda. De esta forma, el estereotipo de la avalancha e invasión se extiende y muchos piden mano dura con ellos. Nadie les explica , sin embargo, que el 90% de los inmigrantes detenidos por entrada ilegal son devueltos a sus países de origen. Nadie les aclara que de cada diez inmigrantes que entran, siete lo hacen con sus papeles en regla.
En este escenario, la oposición socialista quiere ganar el terreno perdido ante el electorado. Por eso, ya firmó con el Gobierno un pacto contra el terrorismo y ahora pide acordar otro pacto sobre (ojalá no sea "contra') (a inmigración. Ya es hora de que realmente en España se elabore una auténtica política de inmigración y no sigan haciendo política "con" la inmigración. Pero me temo que unos y otros seguirán viendo la inmigración como un "problema", y que, como ahora sucede, la utilizarán políticamente para erosionar al adversario, porque saben que la gente aplaudirá y votará al que más nos proteja de "la invasión”, de la "avalancha” de "los ilegales"
“Había un problema, y lo hemos solucionado", dijo Aznar en cierta ocasión con motivo de una degradante expulsión oficial de africanos. Unos y otros -da igual las siglas polítícas- siguen tratando a la inmigración como un problema. Lo hemos visto hace unos días: "Cien agentes de la policía cercando a doscientos inmigrantes indefensos en una plaza barcelonesa. Muchos han sido detenidos, otros han pasado a la clandestinidad, que es la única alternativa que les concede la legislación vigente. Inmediatamente, los servicios municipales limpiaron la plaza: toda una metáfora de la asepsia moral dominante” (Josep Ramoneda). Abordar la inmigración como un problema de orden público, como una cuestión meramente policial, es un camino sin salida. Dejar la inmigración en manos únicamente del humanitarismo solidario de la buena gente es eludir la responsabilidad política de quienes fueron elegidos para hacer una sociedad más justa.
La inmigración es un fenómeno muy complejo y no puede abordarse con un simple control de fronteras, ni sólo con admitir cupos de "mano de obra" que aquí necesitemos según cada campana o momento económico. Los inmigrantes no son "mano de obra', no son mercancía que ahora se trae y mañana se expulsa. No hay salidas simplistas ni a corto plazo.
La inmigración plantea un hondo desafío a nuestro discurso sobre los derechos humanos y a nuestra ensalzada globalización económica. No hay verdadera universalidad de los derechos humanos, si éstos sólo son para los europeos y otros pocos más. El discurso universalista y democrático es mera retórica si siguen fuera del mismo nuestros empobrecidos y excluidos sociales y los inmigrantes. Es injusta y falsa la llamada globalización cuando ésta sólo a nosotros beneficia, mientras que el 80% da la Humanidad queda al margen y es excluida como "no solvente", como población excedente. Así pues, la inmigración viene a sacar a la luz nuestras propias contradicciones internas. Si no sabemos o no queremos resolverlas, el tema de la inmigración seguirá como asignatura pendiente.
"Es imprescindible entender el fenómeno migratorio en su compleja integridad, que desborda la dimensión económico-laboral, y poner lo medios que permitan gestionarlo -desde el respeto básico a los derechos- para aprovecharlo como lo que es una oportunidad de codesarrollo (no sólo económico, sino también cultural y político) para los individuos y las sociedades implicadas en él."( J. de LUCAS)
Esteban TABARES: s/f:
Nº 6.- LA REALIDAD DE LA INMIGRACIÓN EXIGE UN NUEVO CONCEPTO DE CIUDADANÍA, INCLUSIVA Y PLURAL.
Explicar en qué condiciones y con qué contenido puede hablarse de un modelo de ciudadanía que permita la inclusión de los inmigrantes exigiría, entre otras cosas, un debate a fondo sobre las alternativas al modelo de ciudadanía, por ejemplo, la noción de ciudadanía diferenciada (quizá también la de ciudadanía multilateral) como propuestas más aptas para albergar esa nueva ciudadanía, inclusiva y plural.(…)
Dos ideas clave:.
En primer lugar, la prioridad de recreación del estatuto de residente. Hacer radicar la condición de ciudadano en la de residente, en lugar de la de nacional, es un paso extraordinariamente importante. Pero hay que comenzar por hacer asequible esa condición. Y el problema es la circularidad entre permiso de residencia y trabajo, que concurre como factor negativo pues contribuye a levantar una barrera casi infranqueable desde el punto de vista del proceso de integración de los inmigrantes como ciudadanos. El primer problema del acceso a la ciudadanía desde la inmigración es simplemente llegar, entrar legalmente, y la circularidad en cuestión (junto con la existencia de economía sumergida) es la razón fundamental de que se opte por una vía clandestina o ilegal de acceso. Es preciso dar carta de legalidad a la inmigración que viene a buscar trabajo, mediante visados con este propósito y permisos de residencia que acojan a los inmigrantes que tratan de conseguir ese objetivo (…)
En segundo término, la idea de «ciudadanía cívica», debe ser desarrollada. Esa ciudadanía cívica debe comenzar por el reconocimiento de que el residente (aunque sea sólo residente temporal y no definitivo o permanente) en la medida en que paga impuestos y contribuye con su trabajo y con sus impuestos, con su presencia como vecino y no sólo como trabajador a la construcción de la comunidad política, comenzando por la primera, la ciudad, tiene no sólo derechos civiles e incluso sociales, sino políticos: derecho a participar al menos en ese nivel. El primer escalón de la ciudadanía cívica sería de nuevo el primer escalón de la idea europea, las ciudades, la comunidad política municipal.
(…).En mi opinión, se trata de hacer posible el status de residente permanente (y es cada vez más inaplazable la demanda de homogeneizar esa condición en el ámbito europeo), esto es, que quien alcance esa condición por el transcurso de un período razonable de tiempo y la voluntad manifiesta de integración en un Estado miembro, tenga derecho a disfrutar de la condición de tal en todo el espacio de la UE, y entre los elementos de ese status debiera entrar no sólo la equiparación en derechos como la libre circulación, sino también en el derecho al sufragio municipal y europeo. Derechos civiles, sí, pero derechos sociales y políticos, como prueba de la voluntad de integración en serio, de una verdadera ciudadanía inclusiva
(…)El principio de integración, o integración cívica, (…), exige a mi juicio tres medidas:
(…) Finalmente, en el ámbito sociocultural:
v Promover Iniciativas que faciliten en los medios de comunicación y en la escuela, la lucha contra el fundamentalismo cultural, que estigmatiza la diferencia desde la identificación de un modelo cultural como el único apropiado para la democracia y el mercado y hace imposible la integración como proceso bidireccional, sustituyéndola por la asimilación impuesta como condición de presencia pública, incluso si esta es de segundo orden como sucede con la mayor parte de los inmigrantes en la UE.
J. de LUCAS: 2oo2 : 28-33