
PANEL 1 : INMIGRANTE, UNA IMAGEN MEDIÁTICA
TEXTOS DE APOYO
El primer panel plantea el tema de la exposición: la contribución de la prensa diaria a la construcción social del fobotipo “inmigrante”.
No se pretende denunciar aquí la manipulación informativa o el sesgo partidario (que puede haberlos), sino poner de manifiesto la acción propia de los medios de comunicación (ver texto de E. SANTAMARÍA, 1994): crear opinión pública, consenso social, produciendo unas imágenes, unos lugares comunes, unos argumentos, que en este caso resultan ser inductores de prejuicios negativos (T. CALVO BUEZAS).
Los medios de comunicación no actúan solos. Las leyes de Extranjería contribuyen a darles visibilidad (E. SANTAMARÍA 1993) Y con frecuencia no hacen sino vehiculizar lugares comunes previamente producidos como discursos políticos (V.STOLCKE)
Tampoco actúan en el vacío, sino en un contexto que favorece la difusión social de los prejuicios. (D.PAEZ – J.L. GONZALEZ, M. LÓPEZ VARAS, E. TABARES)
Nº 1. ¿ PERO QUÉ HACE LA PRENSA?
Nº 2. ¿QUIÉN TIENE PREJUICIOS?
Nº 3. LA LEY DE EXTRANJERÍA DE 1.985 LOS HIZO VISIBLES.
Nº 4. UNA RETÓRICA POLÍTICA DE EXCLUSIÓN
Nº 5. CONDICIONES SOCIALES QUE FAVORECEN LA FORMACIÓN DEL FOBOTIPO.
Nº 6. ¡SALVESE QUIEN PUEDA!
Nº 7. EXCLUIDOS E INCLUIDOS EN LA SOCIEDAD DUAL
Nº 1. ¿ PERO QUÉ HACE LA PRENSA?
Estamos demasiado acostumbrados a oír hablar de los medios de comunicación en términos de verdades y falsedades, de independencias y alineamientos, como para percatarnos fácilmente, sin entrenamiento, de la lógica radical y artera que en ellos se encarna. Lo que los medios de comunicación hacen de hecho, más allá de mentir o desinformar, es manipular la realidad. Moldearla, informarla. Por consiguiente, la capital importancia que tiene acercarse a sus discursos no se encuentra tanto en que nos proporcionan informaciones sobre determinados aconteceres sociales, cuanto en lo que a través de ello difunden e imponen: lo que, dicho de una vez por todas, son visiones y divisiones del mundo social.
El interés que nos guía al acometer el análisis del tratamiento que la prensa hace de la denominada «inmigración» no radica, por tanto, en las noticias que de ella nos da. Muy al contrario, dicho cometido adquiere su significado en el hecho de que, por un lado, dicho análisis nos permite ahondar en la comprensión de la sociedad en la que vivimos, pues nos aboca a reflexionar una figura social, la inmigración, que le es propia y a la que da sentido. Además, de que, lo que no es menos importante, hace posible desenclavar la «inmigración», a sus protagonistas, de ese gueto mental en el que, poco a poco y de forma más o menos consciente, todos nosotros, y no sólo los llamados racistas y xenófobos, los estamos encerrando.
Estas páginas, quieren dar cuenta de uno de los fenómenos que al hablar de los actuales movimientos migratorios suele pasar frecuentemente desapercibido. En la actualidad estamos asistiendo a la lenta aunque no por ello menos inexorable constitución de un discurso compartido, de un consenso general, que entre otras cosas encierra aquellos movimientos humanos en esa evidencia en sí misma que responde como «inmigración no comunitaria». Es esta evidencia, este sentido único y dominante que día a día se está consolidando, y en cuya constitución la prensa juega un papel capital, la que aquí queremos desentrañar.
Se puede decir, sin que ello signifique exageración alguna, que la prensa a través de la enunciación de un discurso sobre la «inmigración» alumbra el propio fenómeno migratorio. Es decir, al enunciar un discurso sobre la inmigración, que hasta ahora ha sido atomizado, débil, esporádico, pero que poco a poco va adquiriendo un mayor espesor, la prensa no sólo nos informa, en el sentido de que nos comunica alguna cosa sobre algo o alguien, sino que viene a participar en ese complejo proceso que conforma, moldea, en suma, crea, una determinada figura social: la denominada «inmigración no comunitaria». Es necesario dejar claro desde un principio que ésta, lejos de remitir a un conjunto de características propias de los migrantes, es, ante todo, el producto de una serie de haceres y decires sociales, entre los que sobresalen los periodísticos, que se nutren de aquellos supuestos rasgos para sus propias y relativamente autónomas lógicas.
Enrique SANTAMARÍA : 1.994 :. 207-8
Nº 2. ¿QUIÉN TIENE PREJUICIOS?
Los grupos humanos mantienen frecuentemente posiciones mutuas de hostilidad y rechazo, basadas en conflictos, o simplemente se ponen a la defensiva como producto de temores imaginarios. Se piensa mal de otras personas sin motivo suficiente, se tiene una actitud hostil o prevenida hacia un individuo simplemente porque pertenece a un grupo, suponiéndole por lo tanto que posee las cualidades objetables atribuidas al grupo. Es decir se formulan apriorísticamente prejuicios (prae-juditium) con respecto a una persona o cosa, anterior a una experiencia real o no basada en ella. (…)
Siguiendo a A.M. Boileau, en el prejuicio como en las actitudes, podemos analíticamente distinguir estos tres componentes:
a) Cognoscitivo: creencias relativas al objeto de la actitud, entre las que son especialmente importantes las creencias valorativas. que implican la atribución de cualidades favorables o desfavorables al objeto.
b) Afectivo: sentimientos positivos o negativos hacia el objeto de la actitud.
c) Activo: disponibilidad a emprender una acción en favor o en contra del objeto de la actitud.
Tomás CALVO BUEZAS: 1.990:
Nº . 3 LA LEY DE EXTRANJERÍA DE 1.985 LOS HIZO VISIBLES.
Los migrantes procedentes de los países periféricos que se instalan en el Estado español devienen, a mediados de los años 80 —y ello a pesar de tratarse de un fenómeno unos quince años anterior—, socialmente visibles. En la producción de esta visibilidad juega un importante papel, entre otros factores, como señala Danielle Provensal , el cambio de regulación sociojurídica que, concretizándose en la tristemente conocida Ley de extranjería, supone el paso de una regulación de carácter permisivo, e incluso alentador, de los movimientos migratorios a una regulación claramente restrictiva de los mismos. Este cambio en la regulación no sólo tiene como efecto la escisión de la colonia de extranjeros entre los denominados «legales» (mayoritariamente procedentes de los países europeos) y los categorizados a partir de entonces como «ilegales» (que proceden mayoritariamente de los países periféricos y que, además de no poder acceder a la documentación, están atrapados en una situación de absoluta precariedad y vulnerabilidad social - en un estatuto de semiesclavitud), sino que, al estar inserto en el proceso de integración y homologación del Estado español a la Comunidad Europea, instituye socialmente la «inmigración», y la instituye además como «extracomunitaria» por definición. Es decir, como el envés de esa otra figura que es la «libre circulación de personas”.
Enrique SANTAMARIA: 1.993: 66
Nº 4.- UNA RETÓRICA POLÍTICA DE EXCLUSIÓN
A principios de los ochenta, Dummett identificó en Inglaterra un cambio del lenguaje en el que se expresaba el rechazo a los inmigrantes, cuando llamó la atención sobre la «tendencia a atribuir tensiones sociales a la presencia de inmigrantes de culturas ajenas más que al racismo».
Ya a finales de los sesenta, la derecha de Gran Bretaña ensalzaba la «cultura británica» y la «comunidad nacional», haciendo abstracción de categorías raciales y negando con insistencia que la hostilidad contra las comunidades inmigrantes y su llamada hacia una reducción de la inmigración tuviera nada que ver con el racismo." La gente, «por naturaleza», prefería vivir entre «los suyos» que hacerlo en una sociedad multicultural, actitud que, «después de todo», era una reacción «natural», instintiva, contra la presencia de personas de distinta cultura y origen. Tal como decía en 1978 Alfred Sherman, director del conservador Instituto de Estudios de Política, y uno de los mayores teóricos de esta doctrina: «La conciencia nacional es el áncora de salvación de las lealtades incondicionales y de la aceptación de deberes y responsabilidades, basados en la identificación personal con la comunidad nacional, que son el fundamento del deber cívico y del patriotismo». Una gran cantidad de inmigrantes destruiría la «homogeneidad de la nación». Una sociedad multiracial (sic) pondría inevitablemente en peligro los «valores» y la «cultura» de la mayoría blanca, y desencadenaría conflictos sociales. Éstos eran temores no-racionales e instintivos, surgidos a partir de sentimientos de lealtad y de pertenencia. Esto era así porque, tal como había argumentado Enoch PoweII en 1969: «El instinto de conservación de una identidad y de defensa de un territorio es uno de los más firmemente arraigados en la humanidad. Da la casualidad de que pienso que ese instinto es bueno, y de que sus efectos benéficos no están agotados».
Hasta finales de los setenta, las ideas nacionalistas de este tipo estaban sólo en boca de una minoría, aunque algunos ruidosos ideólogos de la derecha, que hacían todo lo posible para distanciarse del racismo manifiesto del Frente Nacional, se vieron desacreditados moralmente por su asociación con la ideología nazi. Al llegar los ochenta, con unas dificultades económicas cada vez mayores y una creciente animosidad contra los inmigrantes, en un intento de ganar apoyo electoral, el Partido Conservador adoptó un discurso de exclusión, salpicado de expresiones parecidas de temor por la integridad de la comunidad nacional, de su modo de vida, de su tradición y lealtad, a causa de la amenaza que suponían los inmigrantes. Un ejemplo sintomático de este alineamiento ideológico del Partido Conservador con la derecha es la tan citada afirmación de Margaret Thatcher, hecha en 1 978, «...de que la gente tiene realmente miedo de que este país pueda verse lleno de gente de una cultura diferente. Y sabéis, el carácter británico ha hecho tanto por la democracia, por la ley, y ha hecho tanto en todo el mundo, que si existe el miedo a una invasión, la gente va a reaccionar con hostilidad hacia aquellos que vengan». Para proteger «la nación» de la amenaza que los inmigrantes de culturas extrañas suponían para la cohesión social, había que frenar su entrada.
También se ha observado un cambio parecido en la retórica de exclusión de la derecha política francesa (…). La derecha francesa empezó a orquestar su ofensiva contra la inmigración adoptando lo que Taguieff denomina un «racismo diferencial», una doctrina que exalta la diferencia esencial e irreductible de las comunidades inmigrantes no-europeas, cuya presencia es condenada por amenazar la identidad nacional original del país «anfitrión». Un elemento clave de esta doctrina de exclusión es el rechazo del «mestizaje cultural» en aras de la preservación incondicional de la presunta identidad bio-cultural propia (…). Un concepto clave de esta nueva retórica es la noción de «enracinement» (arraigo). Para preservar la identidad francesa tanto como las de los inmigrantes en su diversidad, estos últimos deberían quedarse en casa o volver a sus países de origen. La identidad colectiva se concebía cada vez más en términos de etnicidad, cultura, patrimonio, tradición, memoria y diferencia, con referencias sólo ocasionales a la «sangre» y a la «raza». Tal como ha argumentado Taguieff, el «racismo diferencial» constituye una estrategia ideada por la derecha francesa para enmascarar lo que se ha convertido en «racismo clandestino».
Verena STOLKE: 1.994: 239-240
Nº 5.- CONDICIONES SOCIALES QUE FAVORECEN LA FORMACIÓN DEL FOBOTIPO.
Si bien durante años la tasa de inmigración ha sido estable en los grandes países europeos, sí ha aumentado la presencia de las minorías visibles. Esto ha ocurrido además en un contexto de grandes cambios socioeconómicos y culturales. Las investigaciones sociológicas plantean que existen tres elementos sociales que favorecen el racismo.
Primero, el retroceso de los movimientos sociales (obrero, sindical, político) que se basan en identidades sociales y no étnicas.
Segundo, una política estatal que no apoya un Estado del Bienestar ni una política multicultural, ya que la falta de ambas orientaciones refuerzan un populismo xenófobo.
Por último, el cuestionamiento de la identidad nacional, amenzada en el caso europeo por la integración en la Unión Europea, por la globalización de la economía y por la mundialización del modelo cultural de EE. UU.
En lo referente a la movilidad vertical, se ha confirmado que las personas que sienten que su grupo social está amenazado y corre el riesgo de perder su identidad, cultura y posiciones (p. ej. los quebecoise en Canadá) muestran mayor rechazo a los inmigrantes y a la emigración. También se ha confirmado que las personas que viven en las cercanías (p. ej. clase obrera y/o desempleados que viven en los suburbios cerca de los lugares de residencia de los inmigrantes) muestran mayor rechazo y discriminación que los que viven o más distantes o que conviven con los inmigrantes en el mismo barrio (… ).
La experiencia nos muestra que en muchas ocasiones se exacerba el discurso xenófobo o de superioridad étnica cuando el propio grupo comienza a perder poder, influencia o status. Entonces se comienza a buscar las causas del «mal» bien sea dentro del propio grupo (elementos que no cumplen las normas) o echándole la culpa a los miembros de otros grupos sociales (…).
Como menciona Wieviorka , el racismo es ahora expresión del descenso social y del resentimiento de aquellos que ven hundirse su antiguo modo de vida, disolverse su actividad comunitaria, terminarse una historia, sintiéndose abandonados por quienes se han marchado del barrio y por los políticos. Mientras esto ocurre, los inmigrantes crean redes de ayuda y solidaridad, afirman identidades comunitarias o religiosas
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PAEZ, D. y GONZÁLEZ, J.L.: 1.996: 358-361
El análisis del discurso producido en grupos pertenecientes a diferentes clases sociales pone de manifiesto que más allá de las problemáticas y las preocupaciones propias de cada situación particular, existe un denominador común entre todas ellas que consiste en la percepción de la competencia, el individualismo y el conflicto generalizado como médula de las relaciones sociales en la actualidad. Cada individuo, más allá de su propia voluntad, se siente involucrado en una guerra de todos contra todos, en una lucha desenfrenada por conservar la posición social y evitar el descenso o la caída en la pobreza. Una lucha para la que cada vez existen menos refugios colectivos y en la que la supervivencia sólo parece estar garantizada mediante el aplastamiento y la victoria sobre los otros. El espacio de la integración social se va estrechando y endureciendo en la misma medida que el de la exclusión social crece, se extiende y se vuelve más terrible y peligroso. Es como si un iceberg comenzase a desmoronarse ante el aumento de la temperatura de su entorno, se fueran desprendiendo y quedando a la deriva cada vez más partes de su núcleo, mientras que los pobladores de este pequeño continente que se está desplomando luchan entre sí desesperadamente, disputándose el escaso espacio que aún no se ha disuelto en el océano de la pobreza y la exclusión. (…)
La sensación de guerra y conflicto social generalizado a la que aludíamos anteriormente como núcleo de confluencia actitudinal entre los diferentes grupos sociales, se corresponde con una tendencia en dichos grupos a la sobrecarga del lado emocional de los discursos y la pobreza de contenidos de carácter interpretativo. El desconcierto, el mutismo, la crispación, la carencia de una visión global y de un abordaje colectivo de los problemas sociales parecen ser las características más destacadas de la actual situación social. Son los medios de comunicación los que parecen haber suplantado a la sociedad en el terreno de la producción ideológica. Los conflictos sociales son vividos de forma sintomática, a través de acciones más guiadas por motivaciones emocionales primarias que por planteamientos políticos, mientras que los medios de comunicación de masas recodifican estas formas desarticuladas de acción social en un discurso político partidista, acotando así su potencial transformador y encaminando la energía desplegada en el sentido de intereses concretos.
Marisa LÓPEZ VARAS: 1.995:. 73-76
Nº 7 .- EXCLUIDOS E INCLUIDOS EN LA SOCIEDAD DUAL.
El sistema económico y social actual ha generado unos elementos de segregación y unos procesos de expulsión que consagran la dualización social, la sociedad dual. Hoy día, el conflicto ya no consiste en tener más o menos, sino en estar dentro o fuera, incluidos o excluidos.
Toda sociedad crea sus propios márgenes, y en cada etapa representa su espacio social de una forma diferente. Veamos algunas de estas imágenes:
a) Los últimos: Se representa a la sociedad como una pirámide y se establece un arriba y un abajo. El factor básico es de tipo económico y la imagen es la desigualdad social y la preocupación por la pobreza. Es un esquema muy claro y sencillo: basta fijar lo que se llama "umbral de la pobreza" (los que están por debajo de la mitad de la renta media) para separar a los ricos de los pobres. Así ya podemos saber, por ejemplo, que el 20% de los habitantes del planeta disfrutamos de 150 veces más recursos que el otro 80%.
b) Los inadaptados: Se representa a la sociedad como un sistema ordenado, con sus valores, sus normas y sus pautas de conducta muy claras para todos. Se llaman integrados a los que respetan ese orden, e inadaptados a los que están en el borde o se han desviado del camino, El factor básico es de tipo cultural y el problema es la inadaptación y cómo lograr la cohesión social.
c) Los marginados: Otra representación se hace con la imagen de centro y periferia. Aquí el elemento básico es el poder y la preocupación se centra en las diferencias: varón-mujer, heterosexual-homosexual; joven/belleza-viejo/fealdad; válidos-minusváli-dos, etc.
d) Los excluidos: Actualmente, con la aparición de la sociedad dual, se produce una radicalización de los tres aspectos anteriores y aparece una nueva figura: los excluidos sociales: personas, colectivos sociales y países enteros que son arrojados fuera del sistema y su preocupación básica es únicamente poder vivir el día de hoy.
La nueva imagen es dentro y fuera. La organización social actual elabora en su interior una población sobrante, población excedente: quedan fuera de la rueda del sistema, son inútiles, inservibles, no importan, están fuera del Mercado, no son rentables ni competitivos. El que está abajo, el inadaptado y el que está en la periferia tienen en común que se encuentran dentro del sistema. Pero lo que hoy día une al Tercer Mundo y al Cuarto Mundo es la tragedia de ser una población sobrante, han quedado fuera.
La exclusión es la suma de los tres procesos anteriores. Los excluidos sociales están amenazados:
- por la desigualdad, tanto en lo que se refiere a la insuficiencia de recursos económicos, como a la carencia de poder;
- por la vulnerabilidad de sus redes de relación;
- por la precariedad de sus dinamismos vitales
Los excluidos sociales son como los músicos de una orquesta sin director: improvisan cada día su partitura; cada cual trata de sobrevivir como sea ante la ausencia de una estructura básica y de una regulación social. Les sucede lo mismo que a los conductores de una gran ciudad donde no hubiera semáforos ni guardias de tráfico.
Lo contrario de la exclusión es la inclusión. ¿Cómo se puede estar incluido, integrado en la sociedad actual? ¿Cómo se obtiene la llamada cohesión social? La sociedad actual se mantiene cohesionada mediante los cuatro mecanismos siguientes:
- El trabajo productivo, como principio de inclusión económica.
- El consumo, como principio de inclusión social.
- La protección de los derechos políticos y sociales, como principio de inclusión política.
- La competitividad, como principio de inclusión cultural.
Dentro de este marco estructural, es decir, dentro de esta manera de funcionar de nuestro sistema de vida, es donde hay que situar el tema de hoy: ¿por qué y como amplios sectores de trabajadores inmigrantes son considerados como excluidos sociales?
E.TABARES : s/f