Andaki ha muerto. Llevaba varios días ingresado en la UCI del Hospital de Motril, tras haber conseguido cruzar el estrecho, llegar a su sueño. Pero lo hizo en unas condiciones penosas: estuvieron a la deriva dos semanas y bebieron agua de mar para intentar sobrevivir, eso al final le provocó la muerte porque sus órganos dejaron de funcionar. Otros cuatro de sus compañeros también murieron en el intento.

Desde Motril Acoge, como siempre que hay muertos en nuestras costas, se convocó una concentración. Este es el manifiesto que se leyó:

 

HOMENAJE A LA VOLUNTAD DE VIVIR

Motril, 25 de agosto de 2006 

            Queremos expresar aquí nuestros sentimientos de dolor y de repulsa por la muerte evitable de Andaki y sus compañeros. Tanto más cuanto era una muerte anunciada.

            El aumento del rigor en el control de las fronteras, consecuencia de unas políticas europeas de inmigración que, tanto en el Gobierno como en la Oposición, sobredimensionan la seguridad sobre cualquier otro valor, y la conciben en términos principalmente policiales, militares; no hacen sino aumentar el peligro de quienes, al negárseles la posibilidad de la emigración legal, recurren al viaje clandestino.

            La extensión del S.I.V.E. (Sistema Integral de Vigilancia Exterior), la elevación de esos verdaderos muros de la vergüenza que son las vallas de Ceuta y Melilla, el envío de fuerzas militares, patrulleras y helicópteros a las costas de Mauritania, de Senegal,..., no pueden contener los deseos de quienes han decidido no aceptar pasivamente las condiciones de vida que les impone una globalización salvaje, y ven en la emigración una vía hacia una vida más digna, para ellos y para sus familias. Los obstáculos legales y materiales que les ponen los Gobiernos de la Unión Europea no impiden su marcha, sino que la desvían hacia la irregularidad, el trabajo negro y, eventualmente, como en el caso de Andaki, la muerte.

            Pero nosotros queremos rendir homenaje, en Andaki y sus compañeros, no a la muerte, sino a la voluntad de vivir – y de vivir mejor – que, como al conjunto de los que algún día emigraron, les puso en movimiento.

            La llegada de inmigrantes no es una avalancha, un alud, una riada – como continuamente nos están diciendo –: no es una catástrofe natural. La inmigración no es tampoco una invasión, de la que debemos ser defendidos, convirtiéndonos en una fortaleza asediada.

            La migración es hoy, seguramente, el movimiento social pacífico que está contribuyendo más a la transformación de nuestras sociedades, tanto las de partida, como las de llegada. Es la globalización por abajo, de los de abajo, que obedece a otra lógica que la globalización por arriba.

            Y el motor de este cambio es la voluntad de vivir que aquí queremos homenajear hoy.

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